La selección nacional no pudo con Chile y sucumbió 2-0 ante una enorme actuación del colectivo austral, que fue superior

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Con todo a favor, el ánimo, la intensidad, los resultados positivos del tiempo reciente, el público enchufado y las ganas de victoria de un país que quería ver triunfar a su selección, Venezuela se plantó sobre el césped del José Antonio Anzoátegui convencida de que esta vez si se revertiría la nefasta historia.
Pero no pudo ser. Chile, siempre Chile, la de Barinas hace 16 años, la Pueblo Nuevo hace ocho, la de este mismo recinto hace cuatro años, siempre es la roja. El rival que termina maltratando el sueño mundialista es el austral, con una nueva victoria en suelo nacional 2-0.

Anoche, los chilenos hicieron un partido pragmático e inteligente, con arresto, apelando al argumento de la velocidad y al despliegue táctico para abrumar a la selección nacional, y el esfuerzo pagó sus frutos.

La Vinotinto se topó permanentemente con el muro de Mena y Díaz, con el despliegue físico de Charles Aránguiz, autor del segundo gol colorado, la polivalencia de Arturo Vidal y el desequilibrio de Alexis Sánchez y Humberto Suazo que con su remate al palo se quedó cerca de dedicarle una sonrisa a su madre recién operada.

Pero las palmas se las llevó Matías Fernández. Su gol fue el premio a un despliegue táctico y técnico tremendo para dejar impotentes a los centrales nacionales, a los hasta anoche imbatidos Oswaldo Vizcarrondo y Grenddy Perozo.

Venezuela en la primera mitad intentó repetir el libreto que funcionó en ocasiones anteriores. Apeló a defenderse bien, con inteligencia y claridad. Pero faltó el toque mágico de otras jornadas a la hora de atacar. La ofensiva de la selección se vio mermada en la medida en la que el equipo nunca fue capaz de realizar una transición limpia entre sus volantes y los atacantes.

El segundo tiempo fue un toma y dame en el que por momentos parecía que Venezuela se reponía y lograba el control de juego para gritar el anhelado gol que se quedó esperando un estadio y un país entero, pero que nunca llegó. Esto a pesar de las intentonas permanentes de Salomón Rondón, que corrió y tuvo algún mano a mano, pero genero terminó cediendo la pelota a sus compañeros, hoy desatinados.

Chile fue eficaz, creativo y vistoso, un rival que enredó a los nacionales y terminó maltratándolos en el momento menos indicado.

La de anoche fue una de esas que se presagiaba como el escenario ideal para dar el salto definitivo, para acabar con los maleficios, pero de nuevo la misma piedra de siempre, la misma selección de Chile, terminó dando un golpe bajo y borrando muchas sonrisas.

En septiembre, de visita en Lima y Asunción, habrá una nueva oportunidad para levantar la cara y seguir escribiendo derecho en la hoja de ruta de la Vinotinto, ayer torcida por el desempeño austral.

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